Primera Navidad en Cheltenham

Y llega la navidad. La época donde la familia se reúne, comen, beben y cuentan historias.
Yo tenía claro que quería una navidad diferente, ya que la última, mejor ni mencionarlo.
Mi hermano y mi cuñada volvían a España para pasar las fiestas en familia, así que yo me quedaba aquí sola. Diferente, sí, pero me encontraba completamente sola, sin nadie con quien tomar una copa.

Empecé a trabajar en un bar de copas, recogiendo vasos, poniendo lavavajillas, lo que se dice "el trabajo de tus sueños"


Y ahí estaba yo, que no había llevado una bandeja en mi vida. Cuando estaba estudiando trabajé mucho en hostelería, pero jamás con una bandeja. Reconozco que muchos vasos fueron al suelo, pero mi manager, que era un encanto de persona, me decía que aquello era frecuente.

Y llegó nochebuena. Fui al trabajo llorando. Recibí muchas llamadas y mensajes de mis amigos y mi familia, y yo mientras, caminando 40 minutos a 3°C en dirección al trabajo.
Cual fue mi sorpresa, que al acabar el turno, los compañeros muy amables me dijeron que me quedase a tomar unas cervezas con ellos en el bar. Así que lo que se suponía que iba a ser una mala noche resultó ser de lo más gratificante. Mis compañeros ingleses me abrazaban, me decían que esa noche eran mi familia, y yo en medio de conversaciones que apenas entendía, pero yo lo intentaba con mi inglés básico, iban cayendo una cerveza tras otra, enseñándoles alguna que otra palabra en español y ellos contándome historias. Si de por sí entendía poco inglés, al final de la noche ya ni una palabra. Volví a casa a las tantas de la madrugada, con muchísimo frío y riéndome yo sola por el camino. No fue tan mala nochebuena.


Nochevieja, más de lo mismo, me tocó trabajar. Eso sí, le dije a mi manager que a las 12 de la noche hora española, yo tenía que comerme mis uvas.

Y así fue. Mi manager y una compañera me miraban extrañados por nuestra particular costumbre para despedir el año. A las 12 hora inglesa, mi manager nos sirvió champagne a los trabajadores y brindamos, además de algún chupito que otro y el bar lleno.

Aproveché un día que libraba para ir a Londres, no quería perderme Londres en Navidad. Cogí un autobús muy tempranito destino Londres. Tiempo atrás sería incapaz, pues no quería ir sola a ningún sitio.  Allí conocí a un amigo con el que llevaba meses hablando por Skype para practicar el idioma. Mi amigo es ciego, así que descubrí los obstáculos con los que se enfrenta cada día en una ciudad como Londres.
London

Lo que parecía ser una Navidad horrible, se convirtió en lo que yo pedía, una Navidad diferente, con personas diferentes, en otro idioma, que me abrieron los brazos y me acogieron.

Porque para mí, los lugares no son importantes, lo son las personas con las que te vas encontrando en el camino, que te enseñan y te muestran diferentes puntos de vista.
Sin duda, una experiencia difícil de olvidar.

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